Albinismo en República Dominicana: Invisibles bajo el sol
- DR. BARY G. BIGAY MERCEDES

- hace 3 días
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En República Dominicana, nacer con albinismo no solo implica enfrentarse al sol con una piel extremadamente sensible. Implica también enfrentarse al estigma, al abandono institucional ya un sistema de salud que históricamente ha ignorado sus necesidades específicas.
El albinismo es una condición genética rara que afecta la producción de melanina. En nuestro país, aunque no existen cifras oficiales, se estima que cientos de personas viven con albinismo, muchas de ellas sin diagnóstico adecuado ni acceso a los servicios médicos que requieren: dermatología especializada, oftalmología y acompañamiento psicosocial.
Durante años, las personas con albinismo han sido invisibilizadas. Asociaciones como Albinismo Solidario, el Instituto de Cirugía Oftalmológica y ChromoMED han comenzado a cambiar esta realidad. En conjunto, creamos la primera Clínica Integral de Albinismo de Santo Domingo, un espacio que ofrece atención multidisciplinaria y digna, donde el diagnóstico no es el fin, sino el punto de partida para mejorar la calidad de vida.
Más allá de la piel y la vista, el albinismo en RD es un problema de derechos humanos. Muchas personas con albinismo son víctimas de discriminación en la escuela, en el trabajo, en los servicios públicos. Algunos viven con miedo de exponerse al sol porque no tienen bloqueadores ni sombreros adecuados. Otros nunca han tenido un examen oftalmológico completo.
Mientras otros países han avanzado en políticas públicas inclusivas, en Dominicana seguimos esperando que el Ministerio de Salud y el CONADIS asuman su rol. La genética debe estar al servicio de la justicia social, no del privilegio. Exigimos campañas de educación, acceso universal a filtros solares, ayudas ópticas y un registro nacional de personas con albinismo.
Hablar de albinismo en República Dominicana es hablar de deuda histórica. Pero también es hablar de esperanza. Porque donde el Estado no llega, la comunidad se organiza. Y porque cada niño o niña albina que entra a nuestra clínica con miedo y venta con una sonrisa y unos lentes nuevos, es un acto de resistencia luminosa.
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