El aborto, un crimen sin criminales
- DR. BARY G. BIGAY MERCEDES

- hace 3 días
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En un planeta que se define como más libre, más tecnológico y más igualitario que nunca, la realidad es que nunca se ha eliminado a tantos seres humanos antes de nacer .Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) , cada año se practica entre 70 y 80 millones de abortos en todo el mundo.Eso equivale a más de 200.000 vidas humanas interrumpidas cada día .
El aborto se ha convertido en una de las prácticas médicas más comunes, más promovidas y más normalizadas del siglo XXI.Y lo más inquietante es que ya no se presenta como un drama , sino como un símbolo de progreso y emancipación.
Más de 60 países permiten el aborto sin restricción hasta un período de gestación determinado.En otros 80, solo se autoriza por causas médicas o sociales.Y en apenas una veintena sigue estando totalmente prohibido.
En Europa, el aborto es legal en casi todos los países, con excepciones parciales en Polonia, Malta y Andorra .
En América, la tendencia se inclina cada vez más hacia la liberalización — con casos emblemáticos como México, Argentina o Colombia , donde los tribunales han elevado el aborto a “derecho constitucional”.En Asia, potencias como China e India han utilizado durante décadas el aborto masivo como política de control poblacional.
El resultado: miles de millones de vidas truncadas y generaciones desaparecidas antes de empezar.
Nunca se ha sabido tanto sobre el desarrollo fetal y, sin embargo, nunca se ha hecho menos por protegerlo.La biología demuestra que la vida humana comienza en la concepción , con un ADN único e irrepetible.A las 5 semanas , late un corazón.A las 8 semanas , el embrión se mueve.A las 12 semanas , el bebé reacciona al tacto, succiona y siente dolor.
Pero la ciencia se ha subordinado a la ideología.El discurso dominante habla de “derechos reproductivos”, como si el valor de una vida dependiera del deseo de otro.En nombre de la libertad, se niega la humanidad del más indefenso.En nombre del progreso, se promueve una violencia silenciosa.
Desde sus orígenes, la medicina se fundó sobre una promesa: no hacer daño .El Juramento Hipocrático , pronunciado desde hace más de 2.000 años, dice con claridad:
“No administraré aborto a mujer alguna.”
Esta frase no es un simple mandato antiguo, sino un principio universal: la vida humana merece respeto desde su inicio.Cada médico, al jurado protegerla, se convierte en guardián de algo más que un cuerpo: de la dignidad del ser humano .
Hoy, muchos profesionales se enfrentan al dilema de elegir entre la ley y su conciencia.Algunos gobiernos “incluido el español” han reducido la objeción de conciencia a un obstáculo burocrático.Así, el médico que decide no participar en un aborto puede ser señalado, marginado o incluso sancionado.
El progreso técnico ha silenciado la ética médica.Se exige eficacia, pero se olvida la compasión.Y cuando la medicina deja de proteger la vida, se transforma en un instrumento del poder .
La pregunta no es política, sino moral:¿Puede una sociedad considerada justa si niega el derecho a la vida?
Las naciones que presumen de derechos humanos son las mismas que financian la muerte prenatal con dinero público.La ONU, la Unión Europea y varias ONG internacionales han hecho del aborto una bandera ideológica, condicionando ayudas y políticas.Se habla de “salud sexual y reproductiva”, pero detrás de esa frase se oculta una industria millonaria.Porque el aborto también es un negocio : una red global de clínicas, fundaciones y lobbies que obtienen beneficios mientras predican la compasión.
No hay libertad auténtica donde una vida se elimina por conveniencia.
El filósofo Jacques Maritain escribió que “la civilización se mide por su respeto a los débiles” .Hoy, nuestra medida es trágica: eliminamos a los más débiles antes de que puedan siquiera llorar.
Defender la vida no es un dogma religioso.Es la base ética de toda civilización que quiera sobrevivir .Una humanidad que pierde el sentido del valor de la vida termina perdiendo el sentido de sí misma.
No hay futuro sin nacimientos.No hay progreso si para avanzar debemos pisar a los más inocentes.Y no hay libertad si la conciencia se convierte en delito.
Y al final, la gran paradoja permanece: quienes defienden el aborto lo hacen porque alguien eligió no abortarlos .Sus voces existen gracias a la vida que hoy llaman opcional.Quizás el verdadero progreso no consiste en decidir quién merece vivir, sino en recordar que todos fuimos una posibilidad frágil que alguien protegió . Entonces, cabe preguntarse “ si los que defienden el aborto hubieran sido abortados”, ¿quién quedaría para defenderlo?
Por Bary BigayReflexiones sobre ética, cultura y conciencia social.
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