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El síndrome de Cristóbal Colón: la geopolítica del movimiento sin propósito.

La imagen proviene de National Geographic , en el artículo «Cristóbal Colón: 5 mitos y verdades sobre el navegante y su histórico viaje a América», y se utiliza como referencia contextual histórica. Los derechos de las imágenes pertenecen a sus respectivos autores.


Cuando un país se expande sin saber claramente por qué, no sigue una estrategia, sino que simplemente se deja llevar por el impulso del poder. Se ocupan territorios sin un plan claro para mejorar la vida de las personas o para integrarlas verdaderamente. Todo se basa en la creencia de que tener más tierra traerá automáticamente progreso, pero la historia demuestra lo contrario. Sin organización, sin inversión social y sin un proyecto compartido, ese territorio se convierte en otro problema, una carga que engendra conflicto, abandono y gobiernos cada vez más incapaces de responder a su propia gente.

En ese vacío emerge una retórica grandilocuente. Se habla de gloria, destino, grandeza nacional y misiones históricas. Las palabras suenan poderosas y conmovedoras, pero reemplazan la planificación real. La narrativa épica entusiasma y silencia las preguntas incómodas, mientras se toman decisiones sin pensar en el largo plazo. La política se convierte en espectáculo; el aplauso inmediato importa más que el mañana y gobernar se convierte en contar historias heroicas en lugar de resolver problemas reales.

La ciencia, la historia y la fe también se utilizan como símbolos de autoridad. Se citan datos sin explicación, episodios históricos sin contexto y las creencias se presentan como mandamientos incuestionables. El objetivo no es comprender ni aprender, sino justificar lo que ya se ha decidido. El conocimiento deja de ser una guía y se convierte en una excusa, una forma refinada de decir que esto es así porque nosotros lo decimos.

Al final, los costes nunca los pagan quienes deciden. Los pagan personas alejadas del centro, el futuro y los territorios considerados prescindibles. El sufrimiento se normaliza, el daño se pospone y la responsabilidad se disuelve con el tiempo. Esto permite que la expansión continúe durante un tiempo, pero lo que queda son deudas sociales, heridas abiertas y promesas incumplidas.

A esto lo llamo el síndrome de Cristóbal Colón. No por el hombre, sino por la idea. Avanzar sin saber por qué, llegar sin saber cómo gobernar, confundir el movimiento con el progreso. Es una condición antigua que aparece cuando el poder confunde la ocupación con la construcción y termina dejando tras de sí mapas más extensos, pero países más frágiles.

 
 
 

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