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Intrusismo en Genética en el Mundo: cuando la salud se convierte en un terreno de improvisación

Dra. Katlin De la Rosa Poueriet y Dr. Bary G. Bigay.
Dra. Katlin De la Rosa Poueriet y Dr. Bary G. Bigay.

En América, ser genetista médico no es un título decorativo, no es un curso de fin de semana, ni una “certificación” obtenida en un congreso. Es un camino largo, exigente y regulado en países serios. En España, la especialidad de Genética Médica fue actualizada para ser accesible únicamente a médicos. En Estados Unidos, nadie ejerce sin antes cursar una residencia oficial en genética después de terminar la carrera de medicina.

¿Por qué? Porque la genética médica es un acto clínico que combina ciencia, experiencia y criterio. Y todo acto clínico implica responsabilidad legal y moral.

El avance… y la sombra del intrusismo

La genética ha dado un salto brutal en las últimas dos décadas. Pasamos de paneles de unos pocos genes a secuenciar genomas completos en días. Eso ha hecho que esta especialidad gana visibilidad y que más personas quieran formar parte de ella.

El problema es que esta popularidad también atrajo intrusismo profesional.

Biólogos, biotecnólogos, farmacéuticos, biomedicos sin formación médica ofreciendo “consultas” y “asesoramiento genético”, términos que en realidad son actos médicos.

Pediatras generales, neurólogos y médicos de otras especialidades que, después de un curso sobre enfermedades metabólicas o neurogenéticas, empiezan a promocionarse como genetistas.

Profesionales de laboratorio que cruzan la línea y asumen roles clínicos para los que no están formados ni legalmente habilitados.

La genética clínica no es abrir un PDF con variantes y decirle al paciente lo que significa. Es sentarse frente a él, auscultar, revisar antecedentes, correlacionar hallazgos físicos y moleculares, establecer diagnósticos diferenciales, planificar un seguimiento y brindar consejería ética.

Y aquí la pregunta incómoda: ¿cómo ausculta un paciente un biólogo o un biotecnólogo que probablemente no sabe localizar el corazón ni interpretar un hallazgo físico? Esa es medicina básica, no un accesorio opcional.

No se trata de desmeritar el trabajo de los profesionales de laboratorio o la investigación. Ellos son parte esencial del engranaje. Pero la medicina clínica es otra cosa: requiere entrenamiento médico reglado, porque cada decisión tiene un impacto directo en la salud, la vida y el futuro del paciente.

Cuando el intrusismo se convierte en un riesgo

El daño no es solo teórico. He visto casos de pacientes que:

Llegan con diagnósticos erróneos porque alguien sin formación médica interpretó mal un resultado.

Reciben indicaciones terapéuticas inadecuadas que ponen en riesgo su salud.

Sufren retrasos en su diagnóstico real por confiar en un “asesor genético” no médico.

Esto no es una cuestión de egos profesionales. Es una cuestión de seguridad del paciente.

Por qué países como España y EE.UU. UU. blindaron la especialidad

En España, la decisión de limitar el acceso a la especialidad solo a médicos se tomó por una razón obvia: evitar que la clínica genética caiga en manos de personas que no están formadas para ejercer actos médicos.En Estados Unidos, el sistema es aún más claro: sin residencia en Genética Médica, simplemente no puedes ejercer.

Estas no buscan excluir a otros profesionales, sino garantizar que el acto clínico esté en manos de quienes tienen la formación para asumir la responsabilidad médica.

La solución: reglas claras, educación y respeto por los roles.

La genética es, por naturaleza, interdisciplinaria. Necesitamos biólogos, bioquímicos, tecnólogos, bioinformáticos y médicos trabajando juntos. Pero cada uno desde su competencia legal y ética.

Las acciones necesarias son claras:

Regular y hacer cumplir las leyes sobre quién puede ejercer actos médicos en genética.

Educar a la población para que pueda diferenciar entre un médico genetista y un profesional no médico en genética.

Promover equipos interdisciplinarios donde las competencias se complementan y no se invadan.

La genética médica no admite improvisaciones. La moda de “ser genetista” sin haber pasado por medicina y formación clínica no solo es una falta de ética: es un riesgo real que puede costar vidas.

 
 
 

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