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La nueva política migratoria dominicana: una amenaza para los derechos humanos y el derecho a la salud

Foto: Lorena Espinoza
Foto: Lorena Espinoza

El 6 de abril de 2025, el presidente Luis Abinader anunció 15 medidas destinadas a frenar la migración irregular de ciudadanos haitianos hacia la República Dominicana. Sin embargo, lejos de representar una política de control fronterizo moderna y eficaz, estas disposiciones constituyen una grave violación de los derechos humanos fundamentales, en particular el derecho a la salud, el principio de no discriminación y el debido proceso.

Las medidas incluyen una mayor presencia militar en la frontera, la construcción de 13 kilómetros adicionales de muro fronterizo y un nuevo protocolo en los hospitales públicos que exige a las personas presentar documentos de identificación, comprobante de empleo y verificación de domicilio para acceder a la atención médica.

Estas acciones deben analizarse a la luz de dos realidades arraigadas en nuestro país: la corrupción sistémica en la frontera y la incapacidad crónica de las instituciones de inmigración para gestionar los flujos migratorios de manera transparente y eficaz. Informes independientes y organizaciones de derechos humanos han documentado sistemáticamente cómo los cruces irregulares suelen facilitarse mediante sobornos a funcionarios militares y de inmigración.

Por lo tanto, anunciar más tropas, más brigadas y más regulaciones no aborda la raíz del problema: una frontera porosa debido a la corrupción y la falta de voluntad política genuina para garantizar una gestión migratoria digna y humanitaria.

Aún más preocupante es la medida que condiciona el acceso a la atención médica a la prueba del estatus legal, lo cual viola directamente las obligaciones internacionales de la República Dominicana, entre ellas:

Convención Americana sobre Derechos Humanos («Pacto de San José», ratificado en 1978): garantiza el derecho a la vida, a la integridad personal y al acceso a la atención médica sin discriminación.

Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ratificado en 1978): El artículo 12 reconoce el derecho de toda persona al más alto nivel posible de salud física y mental.

Convención sobre los Derechos del Niño (ratificada en 1991): garantiza el acceso de los niños a los servicios de salud, independientemente de su nacionalidad o estatus migratorio.

Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial (ratificada en 1983): prohíbe la discriminación por motivos de raza, color, origen nacional o étnico.

Convenio 102 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la Seguridad Social (ratificado en 1956): establece el derecho fundamental a la asistencia médica.

Acuerdo de Marrakech por el que se establece la Organización Mundial del Comercio (1995): contiene compromisos vinculados a los derechos básicos relacionados con la movilidad laboral.

La Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (adoptada en 2015) compromete a los Estados a garantizar el acceso equitativo a los servicios de salud para todos, incluidos los migrantes.

Al implementar estas medidas, la República Dominicana incumple sus compromisos internacionales vinculantes, obligaciones que no son opcionales sino obligatorias según el derecho internacional.

La protección de la soberanía nacional no puede hacerse a expensas de la dignidad humana.

Haití atraviesa actualmente una de las peores crisis humanitarias de su historia, y como país vecino y como Estado parte de múltiples tratados internacionales de derechos humanos la República Dominicana tiene el deber ético y legal de gestionar los flujos migratorios respetando los derechos humanos fundamentales.

Construir más muros y restringir los hospitales no resolverá una profunda crisis migratoria estructural: solo exacerbará la desigualdad, la discriminación institucional y el sufrimiento humano.

La historia juzgará este momento.Esperemos que no sea recordado como aquel tiempo en que, ante el sufrimiento humano, optamos por construir muros en lugar de tender la mano.

 
 
 

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