Un solo seguro nacional de salud: ¿utopía o urgencia científica?
- DR. BARY G. BIGAY MERCEDES

- hace 3 días
- 2 Min. de lectura

La salud dominicana es como una casa sin plano: cada quien pone un bloque donde cree que hace falta, pero nadie revisa si esa estructura puede sostenerse en el tiempo. Hoy tenemos múltiples seguros, múltiples carencias y una sola población. No hay que ser economista ni salubrista para entender que esto no es sostenible.
En el país, tener salud depende de si trabajas en el gobierno, en una empresa, si eres independiente o si simplemente no puedes cotizar. Por eso se crean múltiples “regímenes”, como si la enfermedad supiera leer tu contrato laboral antes de atacarte. No hablamos de salud universal, sino de salud fragmentada.
Un solo seguro nacional de salud no es una quimera socialista ni una utopía escandinava, es una necesidad científica, ética y económica. La fragmentación del sistema no solo encarece el acceso, sino que impide el uso eficiente de los datos, bloquea la interoperabilidad y genera inequidades que el propio Estado ha normalizado.
El 85% del gasto público en salud se va en curar lo que no se previno. Y prevenir requiere datos. Datos genómicos, datos sociales, datos ambientales. Pero esos datos hoy están dispersos entre aseguradoras que no hablan entre sí, hospitales que no se conectan, y médicos que no pueden ver más allá de lo que cubre un plan.
Un solo seguro permitiría estandarizar protocolos, incorporar medicina genómica, digitalizar la historia clínica nacional y, sobre todo, garantizar que nacer en Pedernales o en Piantini no signifique vidas paralelas con derechos distintos.
No necesitamos más carne. Necesitamos un sistema que entienda que salud no es un gasto, sino una inversión intergeneracional. Que permita al niño con fibrosis química recibir su triple terapia desde el primer día, sin tener que esperar que un comité decida si “vale la pena”. Que entienda que los errores congénitos del metabolismo no pueden esperar cotizaciones para ser tratados.
Un solo seguro no eliminaría la corrupción ni la ineficiencia, pero sí nos permitiría al menos identificarla. Y en salud pública, lo que no se mide, no existe.
¿Utopía? Solo si renunciamos al futuro.
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